Cultivo: Nutrición mineral, plagas y enfermedades

Para empezar debemos distinguir entre resistencia y tolerancia. La resistencia podemos definirla como la capacidad que tiene una planta para limitar la penetración, el desarrollo y la reproducción de los gérmenes patógenos invasores o para restringir la alimentación de la plaga.

Cultivo: Nutrición mineral, plagas y enfermedades

Tanto la resistencia como la tolerancia son caracteres puramente genéticos, pero pueden verse afectados por el ambiente en el cual se desarrollan las especies. Así, la nutrición mineral es un factor externo que ha demostrado influir tanto en la tolerancia como en la resistencia de las plantas a patógenos parasitarios.

La nutrición mineral en la planta

Los abonos contribuyen al crecimiento y desarrollo de las plantas. La fertirrigación es muy típica en todos los cultivos en maceta y cada día es más frecuente recurrir a ella en los cultivos en suelo. Si hablamos de los cultivos sin suelo, como los hidropónicos o los establecidos en fibra de coco, “no abonar” se convertirá en sinónimo de “no crecimiento”.

Proporcionar una nutrición mineral equilibrada durante todo el ciclo vital asegura no solo un desarrollo óptimo, mayor producción, mejor calidad organoléptica, sino también un innegable refuerzo del sistema de defensa del vegetal, que influye de forma positiva en la resistencia frente a males.

La nutrición mineral también limita la tolerancia. Por ejemplo, una planta que muestre carencias de uno o más elementos será mucho menos tolerante a la invasión de patógenos, inclusive de aquellos conocidos como patógenos débiles y de hongos contaminantes que aprovechan dichos enflaquecimientos de las plantas para infectarlas y desarrollarse.

En una planta deficiente, la capacidad de respuesta a ataques fúngicos es menor que en otra que haya sido bien nutrida.

Enfermedades comunes

Los hongos para penetrar en las plantas comienzan su infección con la germinación de las esporas en la superficie de las hojas o raíz (según especie) las cuales se sienten estimuladas por la presencia de exudados. La concentración de los exudados es muy variable, según sea la densidad celular y el tejido al que pertenecen: los exudados foliares son bien diferentes a los radiculares.

Las sustancias contenidas en dichos exudados despiertan, activan y conducen a los gérmenes patógenos hacia esa parte de la planta a la cual se ha especializado en atacar.

Con relación a la nutrición y deficiencias de los dos elementos más estudiados, podemos afirmar que una hoja carente del potasio necesario muestra en sus exudados una elevada concentración de aminoácidos y azúcares; y si hay saturación de nitrógeno, estas concentraciones de aminoácidos y azúcares son muy atractivas para patógenos y plagas.

La mayoría de los gérmenes patógenos acceden solo al tejido epidérmico, rico en compuestos fenólicos y flavonoides que se conocen por sus propiedades fungistáticas. El metabolismo fenólico está relacionado con el cobre y el boro.

La carencia de estos microelementos no solo resultaría negativa para el crecimiento de la planta, sino que a la par generaría problemas con la síntesis de los compuestos pertenecientes a la defensa química natural de la planta.

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