Esprays nasales de cannabis: ¿funcionan realmente?

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Los esprays nasales con THC y CBD son la nueva idea del sector. Este método proporciona una dosis estándar de cannabinoides en el torrente sanguíneo, y se supone que aumenta la biodisponibilidad en comparación con fumar, ingerir comestibles y otras formas de consumo.

Esprays nasales de cannabis: ¿funcionan realmente?

En lo que respecta a la administración de productos farmacéuticos de cannabis, lo mejor aún está por llegar, y los aerosoles nasales son una de las formas que últimamente nos encontramos con mayor frecuencia. En países donde la planta es legal, se venden esprays nasales clínicamente probados, que están dirigidos, esperamos, a un grupo demográfico con necesidades específicas. De lo contrario, la idea de «esnifar» con fines recreativos podría sonar un poco extraña, al menos para los fumetas de la vieja escuela.

Los esprays nasales con THC y CBD se utilizan con éxito para combatir convulsiones, espasmos musculares, dolor crónico y otros trastornos graves. Pero la industria está avanzando y fabricando div ersos productos con distintos perfiles de cannabinoides y terpenos.

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¿CÓMO FUNCIONAN LOS ESPRAYS NASALES DE CANNABIS?

Los componentes básicos de un espray nasal de cannabis son una solución salina y CBD y/o THC de grado farmacéutico. Es probable que esta sustancia reconfortante desbloquee las narices tapadas, y gracias a la acción de los cannabinoides, debería proporcionar un alivio rápido. La inflamación, las convulsiones y los trastornos neurológicos también podrían resolverse con esta forma rápida y sencilla de cannabis medicinal.

Muchos medicamentos se producen en esprays nasales porque esta forma de administración es muy eficaz a la hora de cruzar la barrera hematoencefálica. La fina mucosa de la piel de la nariz permite que los principios activos pasen fácilmente al flujo sanguíneo; por lo tanto, este sistema de distribución nariz-cerebro aumenta la biodisponibilidad y la velocidad de absorción del medicamento. Los aerosoles nasales de cannabis también evitan la degradación de los principios activos en el organismo, lo que sucede con los comestibles y otros métodos de ingesta oral. Este es el principal argumento que respalda la administración transmucosal de cannabinoides frente a fumar, vaporizar o comer derivados del cannabis. Aunque evitar la inhalación de material vegetal quemado es una ventaja, el supuesto aumento de biodisponibilidad revindicado por los fabricantes de los esprays necesita una mayor validación científica.

La absorción nasal de cannabinoides, o de cualquier otra sustancia, varía en función de las condiciones de la membrana nasal interna del paciente. Además, parece que algunas enzimas que también están presentes en los tejidos nasales, resultan desactivadas por el CBD, lo que compromete nuestra capacidad de metabolizar otros principios activos. Como consecuencia, esta nueva forma de administración podría no resolver completamente el problema de la dosificación adecuada de THC y CBD, ni potenciar sus efectos.

CONSIDERACIONES IMPORTANTES

Quizás algunas personas no quieran o no puedan fumar cannabis. Algunos pacientes podrían preferir evitar también los comestibles, tal vez porque necesitan un alivio inmediato. Y aquí es donde un espray nasal de cannabis les puede ayudar. Este dispositivo podría ser también una vía de administración cómoda y discreta para todo tipo de consumidores, ya que los aerosoles nasales no suelen asociarse con la marihuana.

Lamentablemente, la ciencia aún no ha descubierto qué forma de cannabis es la mejor para un trastorno determinado, y esto es especialmente cierto en el caso de los nuevos métodos de consumo, como los esprays nasales.

Además, los organismos reguladores estadounidenses han puesto recientemente estos esprays nasales bajo investigación, ya que no han sido analizados ni controlados por los organismos federales relacionados con la salud y la seguridad, aunque se utilicen comúnmente como dispositivos farmacéuticos. Uno de los motivos es que millones de personas han desarrollado lo que se denomina «efecto rebote», que ocurre cuando los conductos nasales se acostumbran al aerosol y, como resultado, son menos sensibles a la medicación. A su vez, esto puede hacer que el consumidor desarrolle dependencia (no adicción) al medicamento.


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