Legalización en Francia podría favorecer la equidad racial y disminuir los encarcelamientos masivos

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El verano pasado, decenas de “cafeterías con CBD” abrieron repentinamente sus puertas en todo el territorio francés.

Explotando un pequeño espacio legal, creado originalmente para los productores de cáñamo, estas empresas emergentes vendían aceites, bebidas y ungüentos con cannabidiol (CBD), a clientes que se presentaban incluso haciendo filas. 

Este compuesto del cannabis, aunque no tiene propiedades psicoactivas y ha demostrado tener virtudes medicinales para tratar la epilepsia, dolor crónico y otros malestares, también ha ganado fama como una “cura” caprichosa, para el insomnio, la ansiedad y más. Debido a ello, el gobierno francés reaccionó rápidamente y a mediados de junio prohibió oficialmente la venta de CBD. Los “cafés de CBD” desaparecieron en un mes.

Sin embargo, el breve experimento de Francia con el cannabidiol parece haber iniciado un movimiento para legalizar el cannabis, que ha sido prohibido desde 1970.

El 19 de junio, docenas de economistas, médicos y políticos franceses publicaron una carta abierta en la popular revista de noticias L’Obs, denunciando la “bancarrota” de la prohibición del cannabis e implorando a la nación la legalización de la hierba. Poco después, un asesor económico del primer ministro francés publicó un informe criticando la guerra contra las drogas en Francia como un “fracaso francés” costoso y pidiendo la legalización del cannabis por razones financieras.

Posteriormente, en julio, la agencia de seguridad de drogas de Francia aprobó el lanzamiento de ensayos de cannabis medicinal en Francia, algo que los médicos y activistas han promovido desde 2013.

El debate de la política de drogas de Francia se hace eco en gran medida de conversaciones similares que han llevado a una docena de estados en la Unión Americana a legalizar y regular el cannabis desde 2014, pero con la diferencia de que en Francia ha ignorado el vínculo interracial y el encarcelamiento masivo. Veamos por qué.

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La guerra oculta de Francia contra las drogas

La evidencia sugiere que la prohibición del cannabis en los últimos 50 años ha castigado desproporcionadamente a la minoría musulmana de Francia.

De acuerdo con el Ministerio de Justicia francés, alrededor de una quinta parte de los prisioneros franceses han sido condenados por delitos de drogas, una tasa comparable a la de Estados Unidos. 

No existe un desglose demográfico de esta población, debido a que el credo francés de “igualdad absoluta” entre los ciudadanos ha hecho que sea ilegal desde 1978 recopilar estadísticas basadas en la raza, el origen étnico o la religión. Sin embargo, el sociólogo Farhad Khosrokhavar, quien estudia el sistema penitenciario de Francia, descubrió que aproximadamente la mitad de las 69,000 personas encarceladas hoy en Francia son musulmanes de ascendencia árabe. Y los musulmanes representan solo 9% de los 67 millones de habitantes de Francia.

Según un estudio de enero de 2018, encargado por la Asamblea Nacional de Francia, de las 117,421 detenciones por drogas en Francia en 2010, 86% de ellas involucraban marihuana. Asimismo, los arrestos por cannabis también están aumentando rápidamente. El mismo estudio informó que el número de personas arrestadas anualmente por “uso simple” de cannabis en Francia aumentó 10 veces entre 2000 y 2015, de 14,501 a 139,683.

De igual manera, el Observatorio Francés de Drogas y Toxicomanía, sugiere otro dato: hasta 1 de cada 6 prisioneros en Francia hoy en día puede ser un hombre árabe musulmán que usaba, poseía o vendía cannabis.

El impacto desproporcionado de las leyes francesas sobre drogas en los hombres musulmanes no es sorprendente, teniendo en cuenta que los franceses han asociado durante mucho tiempo a los musulmanes con el cannabis, específicamente con el hachís, una resina de cannabis.

Además, el hachís medicinal, principalmente en forma de tintura, floreció en Francia durante las décadas de 1830 y 1840. 

No obstante, a medida que aumentaron los tratamientos fallidos y muchas de las filosofías médicas que sustentaban el uso del hachís se volvieron obsoletas en Francia a fines del siglo XIX, su uso como medicina terminó en gran medida. En 1953, Francia hizo ilegal el hachís medicinal.

Sin embargo, el vínculo entre el hachís y los musulmanes violentos estaba arraigado en la conciencia nacional. E influyó en la política pública francesa durante décadas.

Funcionarios y médicos en la Argelia colonial francesa, al ver el uso del hachís como una causa de locura y criminalidad violenta, llenaron los hospitales psiquiátricos de toda Argelia con musulmanes locales que supuestamente sufrían folie haschischique, básicamente, “locura de hachís”.

Tal pensamiento también ayudó a justificar la creación del Código de la India en 1875, una ley francesa que institucionalizó el racismo y el apartheid en el norte de la  África francesa al designar oficialmente a los musulmanes como sujetos en lugar de ciudadanos.

En nombre de la promoción del “orden colonial”, Francia estableció códigos legales separados y desiguales que promovían la segregación, trabajos forzosos y las restricciones de los derechos civiles de los musulmanes y otros africanos.

La asociación estigmatizante entre musulmanes, el hachís y la criminalidad, persistió aún después del fin del Imperio francés en 1968. Siguió a los musulmanes africanos del norte que emigraron a Francia, que se creía que eran propensos a la violencia y la criminalidad, y, como tales, fueron sujetos a la vigilancia del gobierno, a interrogatorios y objeto de acoso excesivo de la fuerza policiaca francesa.

Los parlamentarios franceses que buscaban criminalizar el cannabis a fines de la década de 1960, adoptaron estas opiniones discriminatorias.

Describieron el creciente problema de drogas del país como una “plaga extranjera” propagada por los narcotraficantes árabes. 

Los legisladores franceses de hoy probablemente no usarían una investigación tan desacreditada o un lenguaje estigmatizante para conectar a los musulmanes con el cannabis. Pero el número de musulmanes encarcelados por delitos relacionados con las drogas sugiere que este racismo histórico está vivo y bien arraigado en Francia.

Si Francia se mueve para regular el cannabis, muchos médicos, fumadores de marihuana y economistas libertarios seguramente se regocijarán. Pero pueden ser los musulmanes franceses los que más se beneficien.

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